LA TRANSFORMACIÓN DEL SUELO

 
 

 

 
 
   

En 1920 Octavio Elorrieta (representante de Echevarrieta) uno de los mayores expertos en política forestal y que había ocupado altos cargos en la administración, elaboró un estudio de los montes de Ansó y su rentabilidad. El informe fue negativo, aún así se continuó con la explotación ya que el volumen de madera aprovechable era de 10.000 metros cúbicos anuales. También se construyó la serrería donde se transformaría la madera en tablas, iniciándose así la explotación industrial de la madera en el valle.
Tras la Guerra Civil y ante la imposibilidad de importar madera por el estallido de la 2ª Guerra Mundial, en 1936 se importaron 600.000 m3, España debería autoabastecerse con sus propios montes. Así se aprobaron leyes para crear el patrimonio forestal en 1941 y reforestación en 1951 y 1952.



La instalación en el Valle de Ansó de nueva maquinaría para la serrería, hizo que llegaran al pueblo un importante número de trabajadores especializados, que aumentaron la población de Ansó, procedían de la Jacetania, Navarra, Altas Cinco Villas y de zonas más alejadas como Jaén, Córdoba, Cuenca y Pontevedra para trabajar como transportistas, aserradores, etc. Convirtiéndose todos ellos en una nueva fuerza social en los convulsos años 30 anteriores al estallido de la Guerra Civil de 1936.



También se instalaron cables que permitían sacar fácilmente la madera en todo el Pirineo hasta los años ‘40. En Ansó se instaló uno en la Plana Diego en Linza hasta la entrada de Zuriza y otro en Ruzkia que bajaba carbón carbón vegetal que hacían carboneros andaluces en este monte.
Prueba de los nuevos puestos de trabajo creados, fue el descenso de la emigración hacia Mauleón. En 1911 se desplazaron 200 personas del Valle, en 1936 solo 42 personas y en 1956 apenas 14 con destino a las fabricas de alpargatas de la localidad francesa.



En 1958 la F. A. O. publicó los resultados del programa español de repoblación. El informe recogía que en el periodo entre 1941 – 1956, se repobló 1 millón de hectáreas con un gasto de 2.892 millones de pesetas.



El informe continúa haciendo alusión a los gastos extraordinariamente bajos, el 80% eran gastos de jornal, deduciéndose que la mano de obra era extraordinariamente barata siendo el jornal de 0.80 dólares diarios (35 pts), muy inferior a los países de alrededor.



Con el Plan Marshall, en 1956 se llegó a emplear a 4,4 millones de jornaleros.